El Arte de encontrar el orden en el caos
Tenía 16 años la primera vez que pisé una biblioteca pública. 16 años… y el mundo se volvió infinito. Recuerdo haberme mareado un poco al entrar: ¿cómo era posible que en un solo espacio convivieran tantas ideas, significados ocultos y verdades esperando ser descubiertas? En ese momento comprendí que la vida humana es corta —apenas un suspiro si la comparamos con la historia del universo— y que nuestro gran superpoder como especie es la capacidad de recopilar y heredar conocimiento. Esa hora en la biblioteca abrió la puerta a un hambre voraz; nació en mí el propósito de devorar todo lo que estos espacios tienen para ofrecer.
¿Alguna vez has entrado en una biblioteca infinita donde cada libro parece susurrar una respuesta diferente? Unos años después de aquel encuentro, llegaron las tecnologías que, en este 2026, han revolucionado nuestra cultura, nuestras capacidades y nuestras vidas cotidianas. Aunque esta nueva «biblioteca» —llamémosle así al Internet y a la Web para encontrarnos en un punto común, querido lector— es distinta a aquellas que, por siglos, custodiaron el acceso a la información.
Creo que el error más grande en los inicios de la era digital fue no advertir que la creación de un nuevo mundo requiere, necesariamente, de nuevos términos. Para evitar confusiones entre lo antiguo y lo moderno, necesitamos precisión. Por ejemplo: no llamamos «pergamino» a cualquier libro; reservamos esa palabra solo para los objetos que cumplen con esas características físicas. Tampoco le diríamos a un editor que su labor es idéntica a la de un escritor. Sin embargo, en el ámbito tecnológico, los términos se readaptaron para intentar explicar fenómenos totalmente nuevos, de los cuales aún desconocemos mucho conforme se van creando. Es por ello que las tecnologías nos han sumergido en un territorio gris, donde parece que nadie logra ponerse de acuerdo sobre cuál es el verdadero objetivo de tenerlo todo en un solo lugar.
La Bibliotecaria (loca) de los Datos Modernos
Aunque mi formación académica se cimentó en la Bibliotecología por la UNAM, mi «biblioteca» y mis materiales de trabajo actuales no se limitan al papel; habitan en flujos de datos, nubes y algoritmos. Durante mi trayectoria, siempre busqué dar el siguiente paso hacia el impacto de las nuevas tecnologías. Desde la preparatoria, sentí una fuerte atracción por la computación y la programación, pero intuía que solo «construir» el mundo digital no era suficiente para mis habilidades. Lo que realmente me mueve es ayudar: ver crecer a las personas y ser el puente que las lleva de lo desconocido hacia nuevas alturas o paisajes inexplorados. Hubo un tiempo en el que creí que mi camino estaba en la animación o la comunicación, e incluso hubo quien sugirió que mi vocación era la sociología. Sin embargo, lo que inicialmente parecía un refugio temporal, se transformó en apenas un día en mi verdadera vocación. En ese instante supe que había encontrado todo lo necesario para no solo «trabajar para vivir», sino para vivir plenamente mi propósito.
Y así, tras cuatro años de formación, me titulé con mención honorífica en Bibliotecología y Estudios de la Información. Para entonces, ya era una licenciada con una trayectoria real, pues desde el segundo semestre de la carrera comencé a integrarme en diversos proyectos profesionales para fundir la teoría con la práctica. En ese camino cometí errores, tanto en lo profesional como en lo humano. Sin embargo, fue en ese trayecto donde recibí un diagnóstico de neurodivergencia que me había acompañado desde siempre. Lejos de ser un obstáculo, este descubrimiento trajo su propia chispa, permitiéndome pensar fuera de los moldes establecidos y detectar necesidades en mi sector que otros solían pasar por alto.
Con más de diez años de trayectoria, he aprendido que no se trata simplemente de poseer mucha información, sino de lograr que cada pieza ocupe su lugar exacto, lista para ser consultada justo cuando más se necesita. Mi trabajo consiste en encontrar el orden en el caos, no en fabricarlo. Somos curadores que no solo recuperan lo que parece roto, sino que lo enriquecen, lo integran y lo vuelven a separar cuantas veces sea necesario para que el conocimiento siga siendo útil. Mi meta es que la información sea siempre rescatable, legible y, sobre todo, un pilar sólido sobre el cual construir lo que sigue, sin perder jamás el valor de lo que ya hubo.
Mis Llaves Maestras: Automatización, Curación y Cultura
Como líder de empresas y estratega en Inteligencia de Negocios, me dedico a crear ecosistemas donde la tecnología y el talento humano se dan la mano:
- Automatización (RPA): Utilizo herramientas como Zapier y UiPath para que las tareas repetitivas dejen de robarte tiempo, permitiéndote enfocarte en lo que realmente importa.
- Curación de Información: Aseguro que cada pieza de información sea rescatable y útil, transformando grandes volúmenes de datos en mapas estratégicos para una toma de decisiones segura.
- Estrategia de Capital Humano y Cultura: Diseño programas de formación y estrategias de normalización que transforman la cultura interna, fomentando la colaboración en entornos de alto rendimiento.
¿Por qué estoy aquí? Mi trayectoria me ha llevado a liderar la transformación digital y la arquitectura de datos en el gobierno federal, en diversas instituciones financieras y en grandes corporativos de relevancia nacional. Pero lo que realmente me mueve es la productividad con propósito: creo que al ordenar nuestros activos digitales y fortalecer nuestra cultura organizacional, liberamos el espacio necesario para la creatividad y el crecimiento sostenible.
Todo lo descubierto en este océano de información se verá reflejado en este espacio. Espero que estas líneas te inspiren a encontrar el orden en el caos de tu vida.
